miércoles, 21 de mayo de 2014

Capítulo 3-Margaritas

Entró en la cafetería algo mojado a causa de la lluvia que decidió caer aquella tarde. Sus pantalones vaqueros se le pegaban a la pierna y eso le provocaba una sensación un tanto desagradable. A parte de estar mojado la rosa roja que le había llevado a Rose se había empapado. La chica se dio cuenta de su presencia y le saludó desde la barra llamando su atención. James sonrió y se acercó hasta ella tendiéndole la rosa roja.
-Muy bonita-dijo ella cogiendo la rosa en sus manos.
-Estaba mucho mejor cuando la compré hoy en la floristería, pero al parecer... llueve.
-Ya se ve-dijo ella riendo.-Estás empapado, no me imagino cómo debes sentir tus piernas con ese pantalón ahí pegado.
-Bueno vale, paramos ya-dijo James serio hasta que empezó a reírse con Rose.
-¿Un café?-preguntó la chica cambiando de tema.
-Caramel machiatto por favor.
-Enseguida-repondió ella con tono de profesional.
James se sentó en la misma mesa del primer día. Rose le preparó la bebida y fue a llevárselo.
-Espero que esta vez no se te caiga-dijo él con sarcasmo.
-¿A que te lo tiro a propósito?-añadió ella entre risas.
-¿Después de que trabajes aceptas dar una vuelta conmigo?-preguntó James.
-No-le respondió Rose para su sorpresa.-Acepta tú dar una vuela conmigo-los dos se sonrieron y James asintió.

Después de una hora los dos salieron de la cafetería.
-Es increíble que hayas esperado tanto sólo para dar una vuelta conmigo-comentó Rose.
James sonrió.
-Por la chica más maravillosa del mundo esperaría años.
-No me seas cursi...
James se puso delante de Rose.
-No es ser cursi es ser sincero-estaban tan cerca que Rose creía que se iban a besar. Al final James se decidió por darle un beso en la mejilla y seguir caminando a su lado. La cogió de la mano.-Vamos, quiero enseñarte un sitio.

Caminaron un rato más hasta que llegaron hasta un parque natural.
-Cierra los ojos-le dijo James a Rose. Para sorpresa de James la chica cerró los ojos sin preguntar.
Cruzaron el puente que pasaba por encima del río del parque.
-Ya puedes abrirlos.
Rose abrió los ojos y no se podía creer lo que estaba viendo. Era un parque repleto de margaritas.
-Es una disculpa por la rosa de esta mañana.
-Este sitio es precioso, muchas gracias por traerme-dijo Rose mirándolo a los ojos.-Las margaritas son mis flores favoritas, ¿sabes?
-¿Las margaritas? Son las más.... en fin, ya sabes.
-Por eso me gustan. Como dice mucho una amiga mía: Nadie escoje una margarita en un campo repleto de rosas, al menos creo que es así exactamente...
-Me alegro de que esto te guste.

Comieron juntos y estuvieron toda la tarde paseando. James siempre estaba amable y eso a Rose le gustaba. Aquel chico aún le seguía pareciendo extraño para ella, no entendía por qué se había molestado tanto en conocerla y tampoco sabía por qué la quería tanto pero igualmente a ella le gustaba, la hacía sentirse especial.
Por la noche James acompañó a Rose hasta la puerta de su casa. James quiso besarla pero optó por no hacerlo.
-Adiós-dijo con una sonrisa.
Cuando se estaba dando la vuelta para irse Rose lo detuvo, lo acercó hasta ella y lo besó.
-Ven mañana a recojerme-dijo mientras entraba en su casa.
-Aquí estaré princesa.
Otras dos sonrisas más.

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